miércoles, 22 de octubre de 2014

- Teórico Nº 19: Diseños de la violencia

24 de octubre


TEÓRICO Nº 19
DISEÑOS DE LA VIOLENCIA

Guías de lectura

“Diseños de la violencia”    
Capítulo 16 de DISEÑO.COM

1.         La violencia a partir de cuatro “supuestos” cotidianos
2.         Subjetividades históricas de la violencia. Historicidad de la violencia en nuestro país.
3.         (sigue, sigue, sigue...)
4.         La violencia es “natural” en el hombre (en los seres humanos).
5.         La violencia es “cultural”.
6.         Parafraseo sobre la definición de Lengua en Saussure.
7.         Política y violencia. Antes y ahora.
8.         La inseguridad y el miedo como subjetividades.
9.         La difusión como estrategia de disciplinamiento social. La enunciación de la violencia.
10.      Diferencia entre Discurso de la Violencia y Discurso Violento.
11.      Diferencia entre Diseño de la Violencia y Diseño Violento.
12.      Las metáforas del “jueguito”.
13.      Las distintas interpretaciones de las distintas disciplinas.
14.      El no reconocimiento del Otro.
15.      Transgresión y violación. Diferencia.
16.      El tercero ausente.
17.      La “encerrona trágica”.
18.      Definición de violencia según Feinmann.
19.      La devaluación de la metáfora.
20.      Código y discurso.


“Democracia y violencia”,  en La sangre derramada
José P. Feinmann
Módulo 2

1.         La sangre derramada... “no será negociada”.
2.         Los “pactos de sangre”.
3.         El juramento de fidelidad y la traición.
4.         La no negociación.
5.         La lógica de la guerra.
6.         Una definición más de política.
7.         Las consignas de “muerte”. Pensar como discursos.
8.         Las teorías de la violencia: dos facetas.
9.         La violencia como “partera de la historia”.
10.      La historia tramada por el crimen. (metáfora “textilera”)
11.      “En el comienzo fue el crimen...”
12.      El tema de la igualdad.
13.      Todos somos desiguales. ¿En qué?
14.      Democracia y violencia.
15.      Democracia y desesperación.
16.      Democracia y desesperanza.
17.      El desamparo de los desamparados. Juntar con texto de Ulloa.
18.      El “Fin de la Historia”.
19.      La ratio económica. La racionalidad económica. La racionalidad del “Mercado”.
20.      El hombre como medio y como fin. Ética de fines y ética de medios.
21.      La “tasa de sufrimiento”.
22.      Un hombre es un hombre.
23.      El Che Guevara:  “Ellos volverán a matar”.
24.      La insurgencia armada como camino. Violencia y contraviolencia.
25.      La desaparición: La “muerte argentina”.
26.      La democracia como construcción del sujeto crítico.
27.      ¿Hay violencia legítima?
28.      La democracia como resolución de la violencia.
29.      Nada justifica a la violencia dentro de la democracia, nada justifica que la democracia conduzca a la desesperación. (la “encerrona trágica” del desamparado).


TEXTOS COMPLEMENTARIOS OBLIGATORIOS
Fernando Ulloa
DISEÑO.COM
Capítulo 16     Pág. 257

1.         Ternura y tierno.
2.         Los despojados.
3.         Los sobrevivientes.
4.         Ternura: la ética del sujeto.

Gregorio Klimovsky
DISEÑO.COM
Capítulo 16     Pág. 258

1.         Distintos factores de la violencia:
2.         Lo económico social.
3.         La corrupción.
4.         La frivolidad.
5.         La intolerancia.
6.         La cultura de la droga.


TEXTO COMPLEMENTARIO OBLIGATORIO

Las violencias de la lengua

por Maite Alvarado

            Según la forma en que se las utilice, las palabras pueden traicionar a su pronunciador. A veces la metáfora tiene sus riesgos, el cansancio pasa a ser   fusilamiento y el hastío se transforma en pudrición.

            Juan Carlos Mareco, contraído, miraba hacia la platea en busca de algún rostro amigo, un poco de luz, una idea, cualquier frase que lo rescatara del mal rato. Ansiaba, entre los silbidos, olvidarse para siempre de esa jornada inaugural del Festival de Cine Español, dejar atrás la gente que desde la platea le decía, el último 18 de junio, de todo menos simpático. Refiriéndose a los gestores del cine español, Mareco –casi espontáneo- armó la frase allí mismo, con palabras en danza en esos días. “Debemos rendirle –dijo- la obediencia debida al talento de los artistas de ese país.” El eco de la frase fue un silbido. El hombre supo entonces, esa noche, que el inconsciente puede jugar una mala pasada, eligiendo –sin que uno quiera- una metáfora de dudoso gusto.
            En otros tiempos, la metáfora era considerada como una figura ornamental, un capricho de estilo que permitía a los poetas disfrazar el lenguaje para “hacer el verso”.
            De unos años a esta parte, la lingüística y el psicoanálisis han llamado la atención sobre la cotidianidad de la metáfora. El pensamiento analógico que la funda aparece muy temprano en el ser humano: el chico que llama “tren” a una antigua cámara fotográfica que exhibe su fuelle desplegado, está haciendo una metáfora. Claro, también la hace el adulto que trata al niño de “burro” o “marmota”, que además le enseña el valor de la sustitución analógica y su poder de persuasión. El niño experimenta así, en carne propia, la humillación de la condición animal.
            La equivalencia entre el intercambio verbal y la guerra, sin ir más lejos, ha quedado registrado en un repertorio de metáforas de uso generalizado: ¿quién, alguna vez, no contraatacó con otro argumento, o defendió su posición a muerte, o dio en el blanco, o bombardeó a su interlocutor con preguntas, o acosó al adversario hasta derrotarlo, o se dio por vencido, o desplegó nuevas estrategias, arremetió, descargó su artillería y venció?
            Argentina, a matar o morir” tituló, a seis columnas, ocupando toda la página, una edición vespertina del diario La Razón. La nota no se refería a ningún conflicto bélico sino a un partido que la selección de fútbol protagonizaba, por la Copa América, frente a Ecuador.
            A veces la metáfora esconde, sugiere, metaboliza. “Hoy, en el Día del Periodista –graficaba un chiste de Limura-, quiero hacer un agradecimiento a la elipsis, a la metáfora y al eufemismo, gracias a los cuales los riesgos más graves de esta profesión, una de las más peligrosas del mundo, han quedado, en mi caso específico, confinados a los rincones más oscuros de mi estilo.”
            Otras, en cambio, despliegan abiertamente situaciones, hechos, historia. “Cuando llegué a Europa, después de muchos años, en mi primer café con una amiga, me sorprendió sobre todo una frase. ‘Ahora me persigo con que no voy a poder pagar el alquiler’, me dijo. Me quedé pensando. No dijo ‘estoy angustiada’, ‘me preocupa’, ‘me obsesiono’, incluso. Dijo ‘me persigo’. Fue clarísimo: allí me estaba mostrando muchas de las cosas que habían pasado acá”, explicaba una actriz exiliada durante años en España.
            Las distintas disciplinas científicas, se sabe, han aportado a lo largo de la historia vocablos propios a otros campos, permitiendo así la acuñación de sistemas de metáforas: la mecánica plagó el discurso de las ciencias sociales y políticas de palancas, resortes, engranajes; la biología aportó, en su momento, organismos, anticuerpos, antídotos y virulencia; la química también dejó su huella, precipitando, neutralizando, cristalizando y corroyendo; más recientemente, la electrónica hizo posible emitir, detectar, amplificar, codificar, modular, tener buenas y mala ondas; la informática, por su parte permitió que cualquier hijo de vecino optimice y minimice como si fuera moco de pavo.
            Ahora bien, si la efectividad de la metáfora literaria reside en su originalidad, en el hallazgo de una semejanza inusitada entre realidades distintas, las metáforas cotidianas deben su éxito, en cambio, a lo evidente de su analogía, que garantiza un reconocimiento cierto. Por eso suelen recurrir a menudo al acervo popular (que dice que los zorros son astutos y las brujas maliciosas, entre otras cosas) o a la experiencia compartida. Ése es el caso de la multitud de metáforas de la lengua coloquial que los argentinos hemos ido acuñando en los últimos tiempos y a través de las cuales se habla, sin darse cuenta, del terror, de la represión y la violencia.
            Una joven que ha decidido no volver más a su novio, quizá le cuente esa noche a una amiga, con cierta angustia: a Pablo le corté el rostro; Mató mil, se dice para agasajar a alguien después de una buena performance; lo mandé en cana, lo mandó a guardar, lo botoneó, para ejemplificar la labor de algún obsecuente en el trabajo; entre los amigos, un adolescente, después de su primera cita amorosa, dirá, con evidente orgullo, la dejé muerta; achicá el pánico se le puede sugerir a un compañero que se queja por la demora del colectivo; dejar en descubierto a alguien, frente a terceros, es incinerarlo; después de una negociación muy costosa, con dificultades, se resuelve apretando al otro para que firme de una vez el documento. Ya nadie, después de 12 horas de trabajo sin parar, habla del cansancio, estoy fusilado ejemplifica mejor. Le di con un hacha era, antes, le batí la justa o le chanté las cuarenta.
            Acaso como corolario de una metodología represiva que no se ha podido olvidar, si se quiere definir al nuevo marcador de punta de Boca Juniors o criticar a un joven novelista sólo voluntarioso se dice, sencillamente, que no existe, lo hacemos desaparecer.

Para la clase de trabajos prácticos del viernes 31 de octubre:

Estudiar:
“Diseños de la violencia” (con sus textos complementarios obligatorios).            Capítulo 16 de DISEÑO.COM

“Democracia y violencia”, en La sangre derramada, José P. Feinmann
MÓDULO 2

TEXTO COMPLEMENTARIO OBLIGATORIO
“Las violencias de la lengua”, Maite Alvarado
APUNTE

AGENDA

Viernes 31 de octubre
Teórico: Juegos a la hora del diseño
Práctico: Diseños de la violencia

Viernes 7 de noviembre
Teórico: Repaso
Práctico: Juegos a la hora del diseño

Viernes 14 de noviembre
De 19:00 a 21:00: SEGUNDO EXAMEN PARCIAL.

Viernes 21 de noviembre
En los horarios de las comisiones:
Devolución del SEGUNDO EXAMEN PARCIAL
Entrega de TRABAJO PRÁCTICO FINAL

Viernes 28 de noviembre
De 16:00 a 18:00; FIRMA DE LIBRETAS para APROBADOS
en SEGUNDO EXAMEN PARCIAL.
De 18:00 a 20:00:
RECUPERATORIO del SEGUNDO EXAMEN PARCIAL
A partir de las 21:00:
FIRMA DE LIBRETAS PARA APROBADOS en RECUPERATORIO

Viernes 5 de diciembre
Devolución del  TRABAJO PRÁCTICO FINAL

Viernes 12 de diciembre
A partir de las 17:00: EXAMEN FINAL ORAL INDIVIDUAL

miércoles, 15 de octubre de 2014

- Teórico Nº 18: Discurso Político y Poder

17 de octubre


TEÓRICO Nº 19
DISCURSO POLÍTICO y PODER

Guía de Lectura

“Discurso político y poder”
DISEÑO.COM
Capítulo 15

  1. Poder como sustantivo, como adjetivo, como verbo. Se posee, es una cualidad o es una acción.
  2. La Política como retórica del Poder.
  3. El Poder y las “tres perspectivas”.
  4. Discurso Político: un enunciador y tres destinatarios.
  5. Un discurso con un enunciador y “esos” tres destinatarios: un discurso político.
  6. La política como texto, como representación y como juego.

TEXTOS COMPLEMENTARIOS OBLIGATORIOS (en DISEÑO.COM)

  1. Discurso Hipócrita y Discurso Cínico. Analogías y diferencias.
  2. El silogismo del Discurso Cínico: “honesto” de la hipocresía.
  3. Las personas y sus discursos: la opinión.
  4. Figuras del Mito y Operaciones Retóricas de los Discursos Hipócritas y Cínicos.
  5. Corruptela y corrupción.
  6. La corrupción. Tres Modelos.


TEXTO COMPLEMENTARIO OBLIGATORIO

        Estrategias discursivas
            Publicado en Página/12 el 28 de agosto de 2013

Frente a la nueva campaña electoral, Álvaro Rosado expone las características del discurso político en televisión, los objetivos propuestos y los recursos utilizados, analizando de qué manera los proyectos ceden espacio a las estrategias y a los formatos publicitarios.

            Por Álvaro Rosado

            Finalizada las PASO y rumbo a las elecciones definitivas del 27 de octubre, volveremos a tener dos protagonistas: el político con su discurso y la televisión con su embestida constante. Inexorablemente nuestro living se convertirá en el cuarto oscuro de la decisión política electoral. El político deberá adecuarse al formato televisivo, dejando vaciar la sustentabilidad de sus proyectos (inexistentes o faltos de coherencia) y que en muchos casos se convierten en clisés del discurso publicitario.
            Analicemos cuáles serán las estrategias discursivas que veremos en los medios en las semanas venideras.
            La primera estrategia en los medios será que el discurso político propondrá tácticas de delegación: “el pueblo me lo pide”. Uno, dos, diez cristianos pasan a ser el pueblo, una categoría que conlleva a entender una multitud ávida y demandante. Léase doña Rosa o el Cacho de Macri, síntesis de una multitud que de a gritos supone ser oída por los políticos.
           
            Continuarán con términos vaciados de sentido en una perspectiva coyuntural que prevalece. Palabras tales como democracia, dictadura, autoritarismo, justicia o libertad. Estas palabras se convertirán en flotantes cobrando su dimensión ideológica, según quién la tome, ya sea desde la derecha o la izquierda. Este flotamiento del significante conlleva a una vacuidad tendencial, induciendo a cadenas discursivas opuestas. Voloshinov señalaría que la palabra, en tanto signo, es ideología. Por lo tanto, a todo signo puede aplicársele criterios de una valoración ideológica.
Continuando, también impera el modelo de la demanda. El político tiene en cuenta el estudio de mercado, el mismo que el marketing comercial necesita para instalar algún producto para determinado target.
           
            Asimismo, aparecerá desde la pantalla el candidato telegénico que despotricará por una sociedad crispada impuesta desde el gobierno central. Rehúyen el discurso político y su esencia. Suponen un discurso aséptico de confrontación. Actúan como predicador cargado de frases con parábolas o alegorías. En muchos casos escapan del axioma de debate, de la división de ideas. La política es realidad y el discurso necesita de un contrincante a quien enfrentar. La política y el poder están en todas partes. A decir de Foucault, el poder como omnipresente no es que lo englobe todo, sino que viene de todas partes. Además de generar polémica (inmanente y característico del discurso político) también necesita interpelar. La enunciación política es inseparable de la construcción de un adversario. No se puede escapar de ella. Como señala el sociólogo Alberto Quevedo, se propone instalar la idea de la “heidipolítica”.
           
            Sigamos: el político mediático conllevará la competencia en el ser, saber y saber hacer. Despliega acciones y pasiones. El político tiene su propia identidad, diferente del resto, es único e incomparable. Claro que con ello sabe y mucho, pero especialmente entiende cómo hacer una ciudad, provincia, país, mundo o vida mejor.
           
            También el discurso político trivializa, propone menos argumentos que la intención plena. No hay desarrollo silogístico, no se recurre a justificaciones, marcos, circunstancias, hechos, puntos de partida, legitimidad o conclusiones que permitan el análisis de un hecho de la realidad. Termina cayendo en frases hechas: “ella es el límite”, “no queremos un país dividido y crispado”, “por una democracia y no una dictadura”, “juntos podemos”, entre otros.
           
            El político armará mecanismo de persuasión teniendo en cuenta efectos de agenda instalada por los medios. Los medios monopólicos ayudan y mucho para la consecución del discurso político. Aun más interesante es la posición de algunos medios, que caen de su presunta asepsia o distanciamiento frente a los hechos. Se convierten en nexos de algunos proyectos partidarios condicionando la producción del discurso político.

            El político construye su propia realidad. Se vale más de lo coyuntural, que le resulta más importante, con lo cual lo programático y estructural queda de lado.
           
            Es interesante observar que en el discurso político mediatizado la frecuencia de una unidad lingüística es constante, logrando ser menos informativa. La reiteración insípida de ciertos lexemas termina saturando hasta la desfiguración de su propio sentido, logrando con ello la ineficaz comunicatividad. En esta línea, Marcuse dirá que se termina en fórmulas hipnóticas repetidas que articulan un sustantivo específico siempre a los mismos adjetivos y atributos explicativos. Se prepondera el contagio del lenguaje símil de una pieza publicitaria de alto impacto a una interesante argumentación de proyectos consistentes y realizables.



Para la clase de trabajos prácticos del viernes 24 de octubre:

Estudiar
“Discurso político y poder”           
Es el capítulo 15 de DISEÑO.COM

“Derecho de muerte y poder sobre la vida”
Michel Foucault
En Módulo 2

TEXTO COMPLEMENTARIO OBLIGATORIO
“Estrategias discursivas”
En este APUNTE

jueves, 9 de octubre de 2014

- Teórico Nº 17: Los diseños del amor

10 de octubre

TEÓRICO Nº 17
Los diseños del amor

Guías de lectura
“Los diseños del amor”
Capítulo 14 de DISEÑO.COM

1.    El amor como subjetividad
2.    Subjetividades de amor.
3.    Amor y comunicación.
4.    Baudrillard y Barthes para ingresar al tema del amor.
5.    Del amor se puede decir “todo”.
6.    Un pequeño punto de la nariz.
7.    Modos Comunicacionales.
8.    La relaciones de comunicación.
9.    El amor: lo poético.
10.  El amor: homólogo, interpares, etc.
11.  El amor: invención incesante en el tiempo.
12.  Malentendido.
13.  Bienentendido.
14.  Construcción cultural
15.  Discurso Amoroso: las Funciones del Lenguaje.
16.  Discurso Amoroso: las Figuras del Mito.
17.  La pareja: vínculo oxímoron.
18.  Amor y Epistemología. Amor y Poder.
19.  “Brevísima epistemología”
20.  El amor funcionalista: las cuantificaciones del amor. El debe y el haber amoroso.
21.  El amor estructuralista: lo vincular, el nosotros inclusivo. Estructural y Estructurado.
22.  El amor como devenir: el concepto de “devenir”. El amor como constructo.
23.  El Discurso Amoroso y “su” Diseño: El diseño amoroso.
24.  Historia del Amor. Amor y matrimonio. Amor y pareja. Circunstancias históricas.
25.  Perspectiva histórica y cultural del Romanticismo.
26.  Religiosidad y Deseo.
27.  El cruce en el Cuadrado Semiótico: “otros” cuatro modelos.


Fragmentos de un discurso amoroso, Roland Barthes
Módulo 2

EN LA CALMA TIERNA DE TUS BRAZOS
1.    El abrazo (definición)
2.    “estamos en el sueño, sin dormir”
3.    “incesto prorrogado”
4.    surge lo genital: la lógica del deseo
5.    dos sujetos a la vez: maternidad y genitalidad.
6.    La saciedad: la contracción y contradicción de los dos abrazos.

UN PEQUEÑO PUNTO DE LA NARIZ
1.    Alteración (definición)
2.    Una marca ligera, mas una clara marca de corrupción
3.    Un punto que vincula a l otro con un mundo “simple”.
4.    alteración de la imagen: vergüenza por el otro
5.    la imagen mezquina
6.    “una relación de calidad”
7.    el lenguaje, sobre todo, por el lenguaje
8.    los lenguajes que “otros” le prestan
9.    deseo, respecto de un tercero (no celoso)
10.  La imagen de otro es, entonces, otro, un extraño
11.  El deseo “loco”
12.  El reflujo de la imagen.

AGONY
1.    Angustia (definición)
2.    El desmoronamiento por amor.
3.    La angustia de amor.

AMAR EL AMOR
1.    Anulación (definición)
2.    “para que traslade mi deseo”
3.    “es mi deseo lo que deseo2
4.    “sufro al ver al otro (que amo) así disminuido...

“QUIERO COMPRENDER”
1.    Comprender (definición)
2.    ¿Qué se piensa del amor?
3.    Reparar en el proverbio chino que se cita.
4.    Querer comprender.
5.    El grito del amor.
6.    No interpretar más...
7.    ¿La “ciencia de los lapsus” puede descubrirlo?

EL MUNDO ATÓNITO
1.    Desrealidad (definición)
2.    “El mundo está lleno sin mí” (“en un acuario”)
3.    “Vivo el mundo (el otro mundo) como una histeria generalizada”
4.    “Sufro la realidad como un sistema de poder”.
5.    El mundo ya no resulta irreal sino disreal.

TRAJE AZUL Y CHALECO AMARILLO
1.    Indumentaria (definición)
2.    “Trajeándome, adorno lo que fracasará del deseo (vincular a moda).
3.    Parecerse a quien ama.
4.    “Quiero ser el otro, quiero que él sea yo...”
5.    “La indumentaria que lo “disfraza” de enamorado lo encierra tan fuerte que...”


TEXTO COMPLEMENTARIO OBLIGATORIO
Ganar terreno al odio
Por Abraham Goldínez Aldrete

Freud dice que el odio es más antiguo que el amor. Nuestro primer impulso es odiar al otro; por lo tanto, amarlo requiere un trabajo subjetivo. Si consideramos que el psicoanálisis es un tratamiento sobre el amor, estas cuestiones son fundamentales en una cura: ¿cómo es posible hacer una experiencia amorosa? ¿Cómo puede el amor ganarle terreno al odio?



            Amor mío, no te quiero por vos ni por mí ni por los dos juntos, no te quiero porque la sangre me llame a quererte, te quiero porque no sos mía, porque estás del otro lado, ahí donde me invitás a saltar y no puedo dar el salto, porque en lo más profundo de la posesión no estás en mí, no te alcanzo, no paso de tu cuerpo, de tu risa…
            —Julio Cortázar

         Lo opuesto al amor no es el odio, sino la indiferencia. Somos indiferentes cuando ignoramos el deseo del otro: sólo sé de mí, ignoro al otro.
            ¿Qué entendemos por ignorar el deseo del otro?
            Podemos hacer la pregunta de un modo positivo:
            ¿Qué significa reconocer el deseo del otro?
         Cuando no hay otro el mundo es el espejo de nuestros sueños. Se trata de una experiencia imaginaria de fusión. Ésa es la experiencia del enamoramiento. Cuando estoy enamorado le atribuyo al ser amado todo lo que yo había estado esperando. Construyo una alucinación amorosa de la cual me siento dichoso: en aquél del que estoy enamorado proyecto mis sueños amorosos. Envolvemos al amado con el celofán de nuestras fantasías.
         El estado del enamoramiento es similar al estado del hipnotizado: no hay un yo-diferenciado. Se trata de un sueño despierto en el que mi singularidad está dormida. Quisiéramos que el sueño durara siempre, porque despertar es doloroso. El amado es una imagen mágica (elaborada entre lo simbólico y lo imaginario) de lo ya perdido; luego, surge la duda con asomo de angustia: ¿Encontraría a la Maga?, pregunta Cortázar al inicio de Rayuela.
         Cuando despierto miro al otro como sujeto. Aquél del que estoy enamorado no es un objeto en donde proyecto mis sueños. No hay correspondencia perfecta entre mi deseo y el suyo: me doy cuenta de su deseo. El otro emerge en lo que no se espera, en lo que no se quisiera. El otro difiere a mis expectativas. La decepción y el dolor son los primeros nombres del otro: no soy todo para aquél que amo. La realidad es diferente a los sueños: no soy lo único que desea el otro.
         Mientras que mi partenaire me dice sí, aún no hay otro. Puede haber enamoramiento, pero aún no hay otro. En el momento en que aquél del que estoy enamorado me dice no, surge la otredad del otro: el otro difiere de mí. El principio del amor es esta negación: “La positividad misma del amor está en su negatividad”, dice Lévinas [2006: 50]. El amor surge de una demanda frustrada: el deseo del otro no se adecua a mi petición. No hay fusión, sino disparidad. Ahí surge el odio. Primero hay indiferencia; luego, odio.
         La experiencia del odio consiste en atribuir al otro la causa de mi mal. Cuando el otro me dice no acontece en mí la soledad. La experiencia original del ser humano con la soledad es la del desamparo: si el infans está solo, se muere. Vivimos porque alguien deseó nuestra existencia: nos alimentó, nos cubrió del frío… Cuando el otro me dice no siento que no me desea. Desamparado, siento que muero. Odio porque siento que agonizo. La culpa de todo lo que me sucede es del otro. No cumplió con lo prometido: desearme a mí, siempre, sólo a mí. Parecía que éramos Uno; ahora, me deja solo y abandonado. Mi cuerpo y mi existencia se convierten en una experiencia dolorosa y decepcionante. Se derrumba mi castillo: me quedo sin reino. Paso de rey a mendigo. Vago por el desierto. ¿Por qué tengo tanta sed? ¿Por qué el sol quema en la nuca? ¿Por qué mis pies están cansados? Porque el otro así lo quiso, me abandonó: maldito sea. Ése es el momento de los reclamos, de los reproches, de los golpes, de los insultos, de los dramas, de los llantos…
         Hay quienes no reclaman, pero tratan de apagar su sed con alcohol; quienes no reprochan, pero pretenden saciar su hambre con chocolates; quienes no odian, pero insisten en hacer surgir sus sueños paradisiacos con psicotrópicos. Otros más duermen y duermen; hay quienes se suicidan. El odio hacia el otro puede volcarse contra sí mismo. Es el momento de los navajazos en el cuerpo, de los choques violentos, de las bancarrotas, de actos autodestructivos. También puede ser el momento en que me humillo para que me maltraten: el odio que siento por ti, lo vuelco sobre mí. Golpéame, insúltame, pero no me dejes.
         Cuanto más amo más necesito al otro; cuanto más lo necesito más me duele su ausencia, más me desespera no controlar su deseo. La experiencia amorosa es compleja porque en ella emerge la soledad. Soledad no sólo es estar solo: soledad es estar necesitado del deseo del otro y que ese otro no responda. En la indiferencia no hay soledad. En el estado de ebriedad, en los efectos de los psicotrópicos, en el sueño o en el enamoramiento no hay soledad, pero tampoco hay experiencia amorosa. Cuanto más amo, más solo me siento.
         Mientras morimos, aprendemos a amar. Aprendemos a amar aprendiendo a habitar nuestra soledad; así, acontece nuestro ser mortal. No hay amor puro: la experiencia amorosa es mezcla de odio, dolor, placer, soledad, pérdidas, muerte… Para evitar el dolor, podemos abandonar la esperanza amorosa, pero nos convertimos en seres indiferentes, tristes, aburridos…
         Después de la muerte de Dios tenemos el reto de abordar el amor de distintos modos. El amor como un discurso de valor religioso, sacro, heterosexual, con el deseo de procreación, de fidelidad eterna, ya no tiene fuerza vinculante, ya no organiza las relaciones eróticas. El cristianismo ya no dicta los modos de hacer lazos amorosos. Es necesario aprender a amar de diferentes maneras. Aquí escribimos una posibilidad: la del psicoanálisis, una entre millones.
         En el cristianismo importa el sacrifico como promesa de eternidad, no el deseo. En oposición al amor religioso, la experiencia psicoanalítica ofrece la posibilidad de trabajar con la propia subjetividad para crear un tiempo propicio que done un amor que reconozca el deseo, el sexo y la muerte: no es posible la posesión del otro, la fusión en un ser y el vínculo amoroso eterno; hay que reconocer el deseo del otro, la singularidad del partenaire y la posibilidad (siempre presente) del fin.
         En el siglo pasado el psicoanálisis se permitió definir el amor adulto como un amor que se reconoce en la diferencia sexual. Este amor no es un atributo exclusivo de la pareja heterosexual, sino del reconocimiento de que el partenaire es un otro deseante: su deseo no se agota conmigo. La diferencia sexual no es sólo una diferencia anatómica, sino un estado de abierto a la alteridad sexual del otro.
         El amor en la diferencia sexual es el amor cuya condición es el deseo. dice que en la incondicionalidad no puede haber deseo porque el vínculo se convierte en mandato: hay exigencia, atosigamiento, reclamos. La incondicionalidad promueve el odio. En la incondicionalidad se rechaza el deseo sexual; no hay encuentro. En la incondicionalidad el vínculo se hace de temor, de culpa, de amenaza, de castigo. Cuando decimos que amamos —y nos aman— incondicionalmente podemos descansar un rato porque sentimos que hemos logrado lo que parecía imposible: la presencia total del otro. Sin embargo, luego vemos que (poco a poco) el vínculo se convierte en una crueldad cotidiana que va destruyendo al otro.
         La incondicionalidad acaba con la posibilidad amorosa. Así como la condición de la existencia es la muerte, la condición del encuentro es su negativa: la soledad. No puede haber amor si no hay soledad. Cuando el amor se convierte en incondicionalidad la soledad deja de ser el punto de partida y se muda en condena y odio: hay reproches, guerra fría, campo de batalla constante.
         El deseo sexual es incompatible con el amor incondicional. Aceptar el sexo es aceptar la soledad: el otro puede desearme o no. En el deseo, el amor es una petición siempre renovada. El amor es placentero cuando los dos lo desean: quieres, quiero, queremos… Para pedir y aceptar la posibilidad de la negativa el amor requiere abandonar las imágenes narcisistas de sí mismo: “Amar lo otro implica no amar nunca lo Uno”.
         En la época actual, era narcisista por excelencia, la experiencia amorosa es cada vez más difícil: la petición amorosa se mira como cuando se ve una mosca nadando en la sopa. No queremos saber nada sobre el amor porque sabemos que el amor es la experiencia de la fragilidad y de la vulnerabilidad. Hoy hay múltiples cópulas genitales, pero se evita la demanda amorosa. El amor sin deseo se convierte en odio y el deseo sin amor en indiferencia.
         Pese a la época, cuando aceptamos amar con fragilidad y deseo, entonces la experiencia amorosa acontece entre azar y destino. Elegimos a nuestra pareja según la historia de nuestras pérdidas que hacen inscripciones en el inconsciente; a la vez, azarosamente, encontramos a alguien y quedamos prendidos a su piel. Poco a poco aprendemos a renunciar a la posesión. Perdemos para desear de nuevo. La contingencia juega con el destino. En los ritmos de aproximación y de separación emerge el erotismo. Por más que guardan una relación compleja, no hay mayor placer que conjugar amor y deseo. Con-jugar amor y deseo significa jugar con lo imposible: el amor trata de fijar al deseo y el deseo corre siempre muy lejos…
        
        
         Cuando el deseo es la condición del amor, entonces ya no se ama por obligación; sin embargo, la fragilidad abre un espacio de incertidumbre y de angustia: el otro puede dejar de desearme. El problema no es que el otro pueda faltar, sino que nos adelantamos a ese fin. Al adelantarnos imaginamos escenas terribles; entonces nos precipitamos en la posesión. Es importante reconocer nuestras fantasías primarias: más allá del modo de proceder del otro intuimos su deseo más allá de nosotros. El punto de partida del odio es la soledad y el dolor; sin embargo, el odio se engrandece con una imaginación interpretativa que se alimenta de nuestros fantasmas. Imaginamos que el otro nos quiere hacer daño: me excluirá, me incorporará, me castrará, me abandonará.
         El amor se recrea en la ficción del lenguaje porque las palabras son el hogar de los huérfanos. Las palabras permiten matizar las imágenes absolutas del fantasma. A propósito, Lyotard dice esto:

            El discurso no es poético porque nos seduzca, sino porque además nos descubre las operaciones de la seducción y del inconsciente: engaño y verdad juntos; fines y medios del deseo. De este modo, nuestro placer poético puede rebasar en mucho los límites fijados por nuestros fantasmas y así podemos hacer esa cosa tan extraña: aprender a amar. El placer del juego altera el juego del placer. Y así la fusión es inesencial. El poema puede introducir imágenes en el lector, pero sólo lo hace desolidarizándolo de sus imágenes fantasmáticas y abriéndole el laboratorio de las imágenes, que son la formas.

            Seguimos a Lyotard con Winnicott: “El placer del juego altera el juego del placer”.

         Para ampliar nuestras zonas de juego se requiere abandonar la tierra natal. Aprender a amar es desaprender los modos en que el amor se ha enajenado en nuestra historia. Nuestra historia amorosa nace en la familia; aunque el amor sexual es diferente al amor filial. El goce sexual está fuera de la cuna: la tierra extranjera es el espacio del encuentro. Sólo los adultos (aquellos que han abandonado a su padre y a su madre porque ya no pretenden ser los niños maravillosos de antaño) pueden hacer del deseo sexual el placer del amor.
         Freud decía que el psicoanálisis nos permite amar mejor: se historiza el amor y se sabe que es imposible. Empero, hay que intentarlo una y otra vez, incansablemente. Ése es el deseo.    Escribimos aprendiendo a amar porque nunca aprendemos del todo. Somos ignorantes; nunca sabemos sobre el deseo del otro, pero lo podemos reconocer a través de nuestra angustia. Lo intentamos. Sin fusión, el deseo es el poro por el que respira Eros; también, por el que goza y llora. No hay amor completo porque el deseo es su posibilidad. No hay Uno porque hay alteridad. Así, queremos seguir jugando: cuanto menos posesión, mayor placer. Cuando el deseo del otro se nos escapa, el cuerpo nos duele y la existencia nos asfixia. Aun así, el otro no tiene la culpa de su retirada: aprendemos a reír en nuestro llanto…


Para la clase de Trabajos Prácticos del viernes 17 de octubre:

Estudiar:

“Los diseños del amor”
Capítulo 14 de DISEÑO.COM

Textos escogidos de Fragmentos de un discurso amoroso de Roland Barthes   
Módulo 2

TEXTO COMPLEMENTARIO OBLIGATORIO
“Ganar terreno al odio”
En este APUNTE